La opinión al volante
Por: Oscar Gonru
Cada año nos inundan nuevas marcas de autos chinos ofreciendo más equipo, pantallas gigantes y acabados premium a precios irresistibles. ¿Basta esto para decidir? Un auto no debe comprarse por pura emoción; es una inversión que te beneficiará o será una pesadilla por años.
Para muchos, las marcas tradicionales son la única opción segura por su «garantizada» red de refacciones. Falso. La antigüedad no siempre significa eficacia. Pongamos dos desastres internacionales sobre la mesa: primero, las infames transmisiones CVT de Nissan (en súper ventas como Sentra y Versa). Presentaban jaloneos y pérdida de potencia, los distribuidores descaradamente negaban la falla, hasta que demandas millonarias las arrinconaron y obligaron a pagar las reparaciones de los clientes.
Segundo, el escandaloso Dieselgate de Volkswagen, un fraude donde alteraron emisiones. Afectó a 550,000 compradores en Norteamérica, desplomando su valor de reventa, y superó los 11 millones de autos a nivel mundial. Comprar ciegamente a «los de siempre» también te puede arruinar. En México, Profeco registró en 2023 retrasos de hasta seis meses en piezas. La escasez de refacciones no es un pecado exclusivo de los chinos. Lo digo por experiencia propia: la atención posventa del distribuidor de uno de mis autos de marca tradicional es para llorar. Pides presupuestos y no te los mandan, llegan tus piezas y ni te avisan; puras fallas.
Entonces, ¿vale la pena el riesgo? Hoy, con $500,000 pesos, una marca tradicional te entrega un producto inferior en tecnología y estética, cobrándote a precio de oro una supuesta «confiabilidad». Con un auto chino recibes prestaciones superiores, pero enfrentas una posventa desastrosa si necesitas piezas tras un choque. Afortunadamente, gigantes como BYD y Changan inyectan capital masivo en México para resolver este cuello de botella. Al final, el libre mercado hace su trabajo y esta guerra te beneficia a ti, al consumidor real: para sobrevivir, los chinos están obligados a perfeccionar su abasto de refacciones, y los tradicionales tendrán que dejar de vendernos autos austeros a precios inflados.