Por: Lizette Mendoza Alavéz
Quienes vivimos en la capital oaxaqueña o en alguna de sus 8 regiones sabemos que durante cada temporada del año, esta tierra se viste de fiesta y algarabía para ofrecer a los turistas, incluso a su propia gente, sus máximas expresiones en tradiciones y costumbres.
Es durante esta temporada navideña cuando las figuras de rábano, totomoxtle y flor inmortal, se convierten en las protagonistas.
Y, es que la imaginación caprichosa de los artesanos oaxaqueños se transforma en personajes míticos, de los más representativos las comunidades, artistas plásticos, incluso hacen referencia a las obras que marcaron un momento cultural de la humanidad.

¿Pero, de dónde proviene esta tradición de la Noche de Rábanos?. Según datos del libro Historia de Oaxaca, México 1982; «en la capilla del ex convento de Santa Catarina de Siena, en la víspera de la Noche Buena se formaban hileras de figones de petates a las que llaman «chachacuales», con vendimias y turrones, a donde concurría la gente, antes y después de la Misa de Gallo», a esta actividad según se comenta en el texto la Sociedad Mutualista de Artesanos, fundada por don Francisco Vasconcelos, celebraban anualmente su exposición de artesanías, a cuyo gremio habían ingresado los floricultores y hortelanos del barrio de Trinidad de las Huertas y del barrio de la Defensa, aduciendo que pudiendo presentar conjuntos florales y de frutos y hortalizas con arte e ingenio, se consideraban con igual derecho que los artesanos.
Fue en 1875 cuando el entonces Gobernador, José Esperón, ordenó el traslado de esta actividad al Zócalo.

Sobre la Noche de Rábanos, en el libro «Cariño a Oaxaca» Jacobo Dalevuelta señala: “La noche quedó destinada a una fiesta. Oaxaca se da cita en el zócalo. Hay, además, bandas de música; ventas de flores; algunas veces hay concursos municipales para estimular a los jardineros. Alegría de una velada original que organiza la gleba hortelana para un disfrute de todos».
Por su parte José María Bradomín en el libro Noche de Rábanos 1951, precisó que «…nadie sabe, según el decir de anteriores crónicas, el origen de esta vieja, tradicional costumbre, que indudablemente se remonta a los días de la Colonia, y a la que, entonces, cabe darle un origen religioso y signarle un sentido simbólico”.
Imaginación que se transforma
En la actualidad en la Noche de Rábanos participan más de 130 expositores y hortelanos, quienes días previos al 23 de diciembre acuden a la cosecha de este tubérculo en los campos de cultivos del Parque El Tequio.
Acudir a recorrer la expiación representa un viaje por la historia de Oaxaca y México, piezas de hasta dos metros de alto atrapan el lente de las cámaras fotográficas y celulares. Se trata de una actividad donde la imaginación se convierte en realidad.

LIZETTE MENDOZA ALAVEZ
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