En Fitting
Por: Itai Gutiérrez y Aimeé Navarro
Si algo tenemos claro es que no muchas personas saben realmente sobre el diseño de imagen, debido a que hemos escuchado muchas preguntas de interés sobre el tema, así como prejuicios de otras personas que se desafanan totalmente de este, relacionándolo inmediatamente con algo banal, superficial o fuera de su interés, e ignorando que su imagen siempre está comunicando sin importar su decisión.
¿Crees que esto no tiene nada que ver contigo?
– Miranda Priestly, “The Devil Wears Prada” (2006)
El diseño de imagen no es belleza, no son redes sociales genéricas y bonitas, no es disfrazarte con la tendencia del momento, no es perpetuar la violencia estética, ni tampoco reprimir tu personalidad y autenticidad para encajar con un molde vacío.
Usualmente estas son características que se le atribuyen al diseño de imagen de forma errónea, la diferencia principal entre estas dos perspectivas es que la primera está enfocada en cumplir estándares hegemónicos de belleza, mientras que el diseño de imagen ético y consciente se enfoca en generar una construcción que se alinee a estándares y metas personales; Sí bien se apoya de herramientas como el estilismo y la tecnología no significa que eso sea su objetivo principal, lo que realmente se busca es ayudarte a descubrir y construir un estilo que vaya alineado a tu personalidad, historia y contexto tanto personal como profesional.
En la imagología es necesario estudiar la teoría si quieres aplicarla correctamente; esto implica que debes conocer sus reglas para saber cómo romperlas, porque se trata de ser flexible en la búsqueda de dialogar con tu personalidad, sin la necesidad de limitarla, por el contrario, es crear tu propia interpretación y adaptarla a tus diferentes facetas y necesidades, o sea traducirla a un estilo auténtico, pero eso te lo contamos en la siguiente edición…
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