Tuuky íjtën ya naxwiñëdë: El espíritu de vivir bien, como identidad

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Locación: City Express
MUA/Hair: GirlLab
Vestuario: Suilma Sánchez Tuunik
Modelos: Suilma, Damaris, Fernanda y Gener
Fotografía: Azarel López Flores
Texto: Sociólogo Leonel Florencio Sánchez Martínez

Los Ap Tëkëtsy (viejos sabios abuelos de la tierra), sostienen que el sentido de vida se concibe en el despertar del vínculo inquebrantable con la Divinidad, la conexión con el corazón de la tierra en nuestro tiempo, un proceso de formación comunitaria en su transformación permanente de hace miles de millones de años. Y como especie humana aparecemos apenas en la cuarta humanidad en este andar anfibio del mar a la tierra. Y como único posible para la sobrevivencia de nuestra especie.


Sin embargo el mundo moderno-mítico del eurocentrismo, padece la perspectiva estética; el de la fantasiosa belleza blanca. Un padecimiento fuerte que permea objetiva y subjetivamente en la conciencia humana, como consecuencia provoca la etnofagia, un efecto devaluante, o en su caso, surte un efecto inverso, el cuál sirve de impulso para dar el salto en desbloquear nuestra capacidad de asombro y nuestro sentido de realización de la vida.


Esta capacidad de asombro reside del sentipensamiento ancestral, una proyección de realización constante del incesante y pacientemente de observación sobre el movimiento del tiempo-espacio; el orden natural que rige la vida en la tierra. En este sentido, la vida de la humanidad es un proceso interrelacional de todos los elementos que lo posibilitan (relacionalidad, integralidad y complementariedad), es decir, la vida no se clasifica o se racializa, y menos se cosifica por el color fenotípico de la piel, el problema no es el color de piel, sino el color de la razón, los pensamientos tienen color, FrantzFanon lo expresa de esta manera, se puede tener piel negra, sin embargo puede autonegarse bajo mascaras blancas; es decir, puedo llamarme indígena o indio, pero si pienso como los de tez blanca, entonces contradicción solo me llevará a la defección, porque la dominación es una forma de pensar.


En este sentido, pensamos que el nuevo horizonte de la realidad es el vivir bien o que la humanidad aprenda a vivir en familia.

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