Cultura, identidad y espectáculo: la Guelaguetza

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Guelaguetza

Por: Rolando Herrera

La cultura ha sido objeto de estudio por parte de numerosos expertos, quienes han intentado definirla desde múltiples enfoques a lo largo del tiempo. Durante cierto periodo, se entendió desde una perspectiva excluyente que ignoraba las particularidades históricas y sociales de cada pueblo. Actualmente, se concibe como un proceso dinámico de creación y transformación colectiva, en contextos específicos, lo que permite hablar de culturas en plural, reconociendo su diversidad.


En México, y particularmente en Oaxaca, la cultura es un tema complejo. Oaxaca alberga 16 grupos étnicos, comunidades afromexicanas y una población mestiza. Esta riqueza cultural convive con nuevas formas de interpretar y comercializar la cultura, impulsadas por artistas, chefs, músicos y diseñadores, lo que genera cuestionamientos sobre si estas nuevas expresiones respetan o despojan el sentido simbólico y social que tienen para las comunidades originarias.


Un caso emblemático de este fenómeno es la Guelaguetza, considerada la fiesta folclórica y cultural más importante de Latinoamérica. Su origen se remonta a rituales prehispánicos en honor a Centéotl, realizados en el cerro Daninayaloani. Con la llegada de los españoles, estas celebraciones fueron reemplazadas por festividades religiosas como el Corpus del Carmen. Con el tiempo, estas festividades adquirieron un carácter mixto, religioso y popular, dando origen a las fiestas de los Lunes del Cerro.


Después de la Revolución Mexicana, en 1932, el gobierno de Oaxaca impulsó un nuevo discurso cultural orientado al turismo, dando forma al llamado Homenaje Racial. Basado en una obra teatral, representaba a los pueblos originarios como parte de un guion que exaltaba la figura del “indio” pero subordinado a la visión mestiza de la nación. El evento se presentó en un teatro al aire libre en el cerro del Fortín, y se consolidó como una celebración oficial, con elementos teatrales y folclóricos.


Durante los años siguientes, las fiestas de los Lunes del Cerro se enriquecieron con actos culturales, deportivos y escolares. Hacia finales de los años cincuenta, la Guelaguetza tomó su forma actual con la participación de delegaciones regionales. En los años setenta, se institucionalizó con el respaldo del gobierno federal. En 1974 se construyó el auditorio de la Rotonda de la Azucena y en 1980 la Secretaría de Turismo asumió su organización, consolidándola como el espectáculo turístico que conocemos hoy.
Este proceso ha generado un debate sobre si la Guelaguetza sigue siendo una tradición auténtica o una versión romantizada alejada de la realidad indígena. A pesar del impacto económico y la proyección cultural, es vital reflexionar sobre el verdadero sentido de nuestras tradiciones y defender los derechos culturales de los pueblos originarios. Solo con una visión respetuosa, informada y con leyes que protejan las expresiones culturales, se podrá garantizar un futuro digno para las culturas que conforman el alma del estado de Oaxaca.


Rolando Herrera, investigador y gestor cultural del Estado de Oaxaca, Director General de la Delegación Oficial de Charros y Chinas Oaxaqueñas “Nitos Oaxaqueños”.
Redes :
Fb: Rolo Herrera y los secretos de Oaxaca
Ig: Rolo_herrera

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