Por: Dra. Alicia Ballesteros
Un día jugando y vacilando con mi sobrino, le dije que me iba ir a vivir a su casa y me dice “ay si no, dos mamás no se vale….” y claro que no se vale dos mamás que se la pasan regañando, diciendo lo que se tiene que hacer, que están detrás de uno viendo que haga la tarea, que se coma todo, que arregle su cuarto, que se lave los dientes, que no se pelee, etc., todas esas cosas que hacemos las mamás y que como hij@ no son muy agradables, pero que son parte importante en el proceso de educar y de convertir en persona a ese pequeño ser que todo lo quiere al instante y a su modo.
Pero mucho depende de cómo seamos como madres, para convertirnos en las amigas para siempre o en las enemigas acérrimas de nuestros hij@s, sí, ¿ahora ya lo podemos decir no? ya pasó el 10 de mayo y los mensajes cursis de madres maravillosas ya pasaron, es momento de hablar de las madres reales. Esas madres que marcan y moldean la personalidad de sus hijos, para bien o para mal. Levanto mi copa y digo salud por las madres que no solo regañan, sino que escuchan a sus hijos antes de pegar el grito, esas que sacan fuerzas y tiempo de donde no existe para compartir, pero compartir de verdad tiempo con sus hij@s, y sin recriminárselos a cada instante.
Óle por las madres que ponen límites a sus hij@s con justicia y responsabilidad, y por aquellas que les enseñan a hacer las labores del hogar sin distinción de género, y por las que cumplen sus promesas, por las que no recurren al manazo, pellizco, nalgada, chanclazo o empujón como única estrategia correctiva, y por las que no se convierten en fieles sirvientes de sus hij@s, complaciéndoles todos sus deseos, cubriendo seguramente alguna culpa o remordimiento.
Y es que ser madre no es fácil, corrijo, ser una buena madre no es fácil, se requiere de mucha paciencia, compromiso, responsabilidad, respeto e igualdad. Si, respeto e igualdad, porque algunas madres creen estar en una posición superior a la de sus hijos y con frases tales como “no me grites porque no somos iguales” o “esto se hace así porque lo digo yo” solo estamos creando en nuestros hijos, miedo, sumisión, impotencia, coraje y como los hijos repiten patrones, pues estamos creando pequeños tiranos autoritarios e injustos a la larga.
Mensajes ambivalentes de amor – odio son los que crean las mayores patologías, “te quiero, pero te pego porque es por tu bien” “te grito y golpeo con toda mi rabia pero te amo”. Esos mensajes crean en el niño una gran confusión y se van creando ideas erróneas sobre la forma de pedir y expresar el cariño, se crean seres inseguros, con baja autoestima, dependientes y frustrados, los que a posteriori presentarán problemas de ansiedad, depresión, adicciones, psicopatía, entre otros y llegarán a estar en la primera fila de las consultas de psiquiatras y psicólogos. En verdad les digo que la mayoría de los problemas psicológicos que he tratado en consulta, se han gestado en la niñez en la relación con la madre, y con su padre obviamente también, pero a ellos ya los analizaremos en su día.
Así que espero que les sirvan estas líneas para reflexionar sobre el tipo de madres que son, si padecen del síndrome de Libertad Lamarque en las películas y van por la vida como mártires llorando por los rincones y aguantando la miserable vida que les tocó vivir, o son acaso de las que viven y calman sus frustraciones a través de la vida de sus hij@s o son por el contrario, madres independientes y seguras, que se respetan y quieren a sí mismas, que no aceptan ser maltratadas, que utilizan el diálogo y la comunicación en todas sus relaciones, que hacen valer sus derechos y se hacen responsables de su propia vida, dando a sus hij@s las herramientas necesarias para vivir su propia vida.

